Si hubiera que sintetizar en un nombre quién representa por sí sólo el significado del fútbol en Argentina, el indicado sería Angel Amadeo Labruna. En él se reúnen el gran jugador e ídolo representativo de un club, el técnico surgido de la cancha fuera de toda preparación académica y, fundamentalmente, el hincha. Porque Labruna lo fue como el más fanático de los simpatizantes, tanto para la felicidad del triunfo como para expresar el dolor por las derrotas. Y en el repaso de su vida futbolística surge el ganador por excelencia.
Pintoresco, locuaz, con el lenguaje futbolero agrandado en la victoria, embroncado en la derrota, además de su pasión por las carreras de caballos, Labruna respiró fútbol cada instante de su vida.
Su trayectoria cubre cuarenta años de la vida del club en actitud triunfante como lo certifican todos los records que exhibe su campaña. Defendió la banda sangre durante 21 años en primera división jugando 516 partidos. Metió más goles que nadie: 292. Es el máximo scorer del clásico de los clásicos con 16 tantos. Ganó nueve campeonatos como jugador (1941, 42, 45, 47, 52, 53, 55, 56 y 57) y luego seis como técnico entre 1975 y 1980. Por eso fue único. Integró la Máquina de River.
Se vio obligado a retirarse como jugador de River a los 41 años (nació el 28 de septiembre de 1918), con 27 en la Institución y 20 en Primera, debido a la llegada de varios extranjeros, algunos de dudosos méritos, que venían a formar un nuevo proyecto en el cual no estaban incluidos los "históricos" que le habían dado tantos campeonatos al Club. Fue en la Navidad de 1959. 
El hombre que así terminaba su campaña en el Club de toda su vida, era aquél que entraba a la cancha evitando pisar la raya de cal y luego, al trote canchero, llegaba al área y, de rastrón, metía la pelota en el arco vacío. Una cábala que le había aconsejado Renato Cesarini en épocas de sequía goleadora, un anuncio sobrador de los goles que vendrían después; gesto que hacía delirar a la hinchada de River y morderse de odio a la tribuna contraria.
En 1933, Nolo Ferreira, crack de Estudiantes, pasó a River; y pegado al alambrado, Angelito veía cómo el prócer mataba la pelota, preparando el remate con esa curvatura de espaldas que luego fue un sello "labrunesco".
Su comienzo como DT se da cuando River lo contrata de espía para ayudar a Néstor Rossi. Labruna reportaba el lunes el informe obtenido de los comentarios periodísticos, porque los domingos prefería ir al hipódromo. Y no tenía prejuicios al respecto.
Su manejo de los planteles y su desprecio por las tácticas, su defensa de los jugadores y su intuición para elegirlos y hacer los cambios adecuados eran una constante. Una vez dibujo una cancha y con papelitos armó la táctica, alguien le sacó uno y quedó con diez jugadores, él al no encontrarlo tiró todos los papeles y gritó: "¡Juguemos como siempre!".
Cada vez que Angelito ingresaba al campo de juego de la Bombonera, se llevaba la mano a la naríz y la apretaba, en directa alusión al mal olor que sentía por estar en "territorio bostero". De allí nació la costumbre de varios riverplatenses de llevar barbijos cada vez que van a ver a River de visitante frente a Boca. Es recordado por referirse con el término de "Verde Césped" al pasto del campo de juego del Estadio Monumental.
Así relató Angelito esta anécdota: "A los 29 años me enfermé y estuve muy grave. Dejé de jugar por seis meses. Es que con unos medicamentos equivocados que me dieron se me inflamó el hígado y tuve un derrame de bilis, me salvé de casualidad. Cuando pasó todo, volví a la reserva, que se jugaba los jueves. Me acuerdo que "La Razón" publicó que yo estaba tan bajo que lo mejor que podía hacer era colgar los botines. Me sentí tan mal y tuve tanto amor propio, que trabajé como un loco para volver a ser lo que haía sido. Gracias a esa nota pude decir: jugué trece años más en primera división".
Cuando en 1958 River batió a Estudiantes de La Plata por 5 a 2, Angel Labruna, con 40 años a cuesta, convirtió 3 goles. Al destacar la prensa este hecho extraordinario, Angelito minimizó las cosas diciendo que todavía era joven para jugar al fútbol. Fue así el jugador más longevo de la historia del fútbol argentino.
La sola mención de su nombre trae una inevitable ilación con un largo período del fútbol argentino. Pocos fueron tan grandes, pero ninguno tuvo plena vigencia a través de tantos años. A sólo 9 días de cumplir 65 años, falleció el 19 de setiembre en el sanatorio que estaba internado, como consecuencia de un paro cardíaco, Angel Labruna. Pocos días atrás habia sido intervenido quirúrgicamente de una afección vesicular y se estaba reponiendo cuando aproximadamente a las 18 de la mencionada jornada, surgió la lamentable derivación que sorprendió a todos. Labruna fue casi siempre una persona controvertida. De carácter combativo, polémico, sostuvo ideas firmes e inflexibles, asi como también profundos amores o exacerbados enfrentamientos. Por eso en torno de él  se discutió mucho, sin lograrse un fácil acuerdo.  En cambio, pocos podrán  negar sus amplisimos conocimientos sobre el fútbol, puestos de manifiesto en innumerables ocasiones. Y si se hizo mención de sus amores hay que hacer notar que casí toda su vida deportiva estuvo ligada a River. Cuando era aún un niño, todos los días recorría los escasos metros que separaban a la relojeria de su padre, en Las Heras entre Bustamante y Pereyra Lucena, con los del club de su eterno cariño, en ese entonces ubicado en la Avenida Alvear y Tagle. Fue muy buen basquetbolista, práctica que alternaba con el fútbol, que finalmente lo acaparó para siempre. Pasó por todas las divisiones inferiores, hasta debutar en primera muy joven aún, en 1938. Fue frente a Estudiantes de La Plata y su equipo perdió 1 a O. Por coincidencia River también cayó vencido en el último cotejo que jugó Labruna. Nada menos que 21 años después, en 1959, ante San Lorenzo, por 3 a O. A través del largo período, Labruna jugó 516 partidos en primera en los que marcó 292 goles. En dos oportunidades fue el máximo goleador en 1943, con 23 conquistas, y en 1945, con 25 Angel Labruna fue el entreala izquierdo de la famosa Máquina, uno de los mejores equipos de todos los tiempos. Muñoz, Moreno, Pedernera, Labruna y Loustau, es una cita obligada cuando se quiere dar el ejemplo cabal de una delantera. Angel era el goleador y lucía condiciones innatas y genuinas: habilidad, pique, picardia. Walter Gómez, Angel Labruna y Félix LoustauCuando entraba en el área protegiendo la pelota con su cuerpo en larga carrera, el gol era casí  una consecuencia inevitable. Además tenía una cualidad técnica que no estaba en boga de sus tiempos: el desmarque continuo. Integró equipos campeones de River nada menos que en nueve oportunidades y fue miembro de la Selección Nacional en 36 partidos, en los cuales anotó 17 goles. Todo ello en una época en la que no era fácil destacarse, pues abundaban los jugadores talentosos en la mayoria de Ios equipos. Fue llamado a integrar el seleccionado en el Mundial de Suecia a los 40 años. Después se alejó de River, pero jugó un par de temporadas más, hasta después de cumplir 43 años en Rangers de Chile, Rampla Juniors de Montevideo y Platense. Cuando decidió su retiro, no permaneció ocioso en el fútbol. Tras un breve período se dedicó a la dirección técnica, como asesor en River. Se dedicó también a los negocios, pero nunca pudo prosperar. Lo traicionó su carácter, su bonomia y esa irrefrenable pasión por el fútbol. Le llegó la etapa brillante como DT. Labruna fue campeón en primer término con Defensores de Belgrano, en la "B". Después, clasificó finalista a Platense. También bajo su dirección fue campeón Rosario Central y proyectó a Talleres de Córdoba al ámbito nacional. Asimismo dirigjó a Racing, Lanús, Chacarita Juniors y Tigre. Angel Labruna junto a su hijo Daniel Pero su mayor mérito fue orientar nuevamente a River Plate hacia el título, tras 18 años de fracasos. Con Labruna volvieron los éxitos y se festejaron 6 campeonatos más. Además fue muy reconocìdo por los entendìdos, por su capacidad para ver jugadores y formar equipos. Le bastaban pocos minutos y un par de maniobras para formarse una idea concreta sobre el jugador. Rara vez se equivocó. La ingratitud y esos resquemores propios de las empresas en tren del éxito, lo ralearon del club de sus amores. Otro mal resultado en la Libertadores provocó que, sin avisarle, el Club negociara con su amigo Di Stéfano. Relegado a una difusa tarea de manager-secretario técnico, Labruna vaciló en principio y después renunció. Socio vitalicio 1358 de River que aun jugando en Primera pagaba la cuota social. Se fue dejando en el plantel a un riojano que, años más tarde, lo emularía con sus bromas a los xeneizes: Ramón Díaz.
Tras un breve paso por Talleres de Córdoba se encontraba dirigiendo a Argentinos Juniors, donde había logrado forrnar un buen equipo, cuando sobrevino su fallecimiento. Buen amigo, simpatia y buen humor fueron sus virtudes. A veces traicionado por su carácter fuerte en circunstancias adversas. Pero el rencor no fue un valor digno de su personalidad.  El dolor mayor de su vida fue la prematura desaparición de su hijo Angel Daniel, cuando allá en 1971 apuntaba en la primera de River como serio continuador de sus pasos. Es evidente que su estela perdurará a través de los tiempos. Sobre las 22.30 horas una ambulancia trasladó sus restos al Monumental, donde fueron velados entre la innumerable cantidad de amigos, compañeros, admiradores, familiares y allegados o no al fútbol. Todos quisieron tributarle su homenaje. Como Labruna había sido dado de alta mientras se encontraba en la habitación del sanatorio que fuera internado, se dirigía al caminar por Fillol y en ese preciso instante se produjo la muerte. Cayó en los brazos del arquero... Los restos fueron inhumados a las 16 horas del dia 20 de setiembre en el cementerio de Chacarita y descansan junto a los de su hijo Daniel en un nicho de la galeria 15. En las exequias, hablaron acerca de la personalidad del extinto Domingo Tessone, presidente de Argentines Juniors; Rafael Aragón Cabrera, titular de River Plate y el dirigente del club de Núñez,  Di Carlo. Angelito, "El Eterno", el que nunca será olvidado...!

       

Títulos obtenidos en River como jugador:

  • 1941 Campeón Nacional
  • 1942 Campeón Nacional
  • 1945 Campeón Nacional
  • 1947 Campeón Nacional
  • 1952 Campeón Nacional
  • 1953 Campeón Nacional
  • 1955 Campeón Nacional
  • 1956 Campeón Nacional
  • 1957 Campeón Nacional

Títulos obtenidos en River como técnico:

  • 1975 Campeón Nacional
  • 1975 Campeón Metropolitano
  • 1977 Campeón Metropolitano
  • 1979 Campeón Nacional
  • 1979 Campeón Metropolitano
  • 1980 Campeón Matropolitano
  • Jugador más longevo de la historia del fútbol con 28 jugando en Primera división.
  • Máximo goleador de los clásicos River-Boca (16 goles).
  • Segundo goleador de la historia del futbol argentino con 292 goles.
  • Intervino en más de mil partidos (oficiales y amistosos).
  • Vistió la casaca argentina en 36 ocasiones.
  • Como técnico fue el artífice del doble título de River en el ' 75 luego de 18 años de frustaciones.
  • En 1967, en un hecho inusual, fue campeón de la B con Defensores de Belgrano, mientras dirigía a Platense que llegó a las semifinales del Metropolitano.
  • Sacó por primera vez campeón a Rosario Central e hizo grandes campañas con Talleres de Córdoba en 1974 y con Argentinos Juniors, donde armó la base del que después ganador de los títulos locales e internacionales, además de que unos pocos días antes de fallecer de darse el gusto de eliminar a Boca y a River de la serie final del Nacional ' 83.